Isle of Man TT

Isle of Man TT

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#1 Escrito el 16 Febrero 2010, 22:24 | Editado el 05 Octubre 2010, 08:55

http://www.ducatistas.com/foros/el_salon_de_la_fama/articulo_viaje_al_tt_2.007_36479.0.html

UN PAÍS, DOS RUEDAS, TRES PIES.
Viaje al “Centenary TT”


Olvídate de todo lo que conoces porque estás a punto de entrar en un mundo nuevo, un lugar cuya vida gira alrededor de las motos. Ese lugar mítico, el último bastión de los moteros, es La Isla de Man.
Deja atrás todo lo que conoces y abre tu mente a una nueva manera de entender la vida, de entender las motos y viaja con nosotros al verdadero paraíso en la Tierra.
Este es un pequeño país que no entendería la vida sin las motos, sin su ancestral TT que acaba de cumplir sus primeros 100 años. No existe otro lugar en el mundo donde las motos sean un elemento más en perfecta simbiosis con la sociedad que en este.



NUESTRO VIAJE

Así que, con motivo del “Centenary TT”, mi amigo Santi y un servidor decidimos saltar a lomos de nuestras motos –BMW GS y Ducati Multistrada, respectivamente- para encaminarnos al viaje iniciático que todos deberíamos hacer alguna vez para quizá llegar a intuir lo que es el verdadero espíritu de la competición, de la amistad, del compañerismo, de la vida y de la muerte en una tierra impregnada por el aroma del cuero de todos aquellos que persiguen su sueño. Un sueño que solo un implacable cronómetro es capaz de registrar. La marca que separa la gloria del fracaso, el éxito de la derrota, la fina línea de bordillos y farolas que delimita la vida y la muerte.

El lunes se presentaba plomizo, frío, gris y cuando embarcamos en el Puerto de Bilbao, completamente empapados, nada nos hacía esperar indicios de un tiempo mejor viajando tan al norte. El barco nos engulló y muchas horas después desembarcamos en el país del espejo, de los caminos que van del revés. Aunque aquella tarde nos recibió despejada, el día después se encargó de recordarnos que en esta tierra llueve. Llueve y además de dos formas: Mucho y cuando le viene en gana. Finalmente, dos días después, al llegar a Liverpool, el cielo nos dio un respiro y conseguimos embarcar hacia nuestro destino final.


Salimos desde Bilbao a buscar nuestro sueño.


¡¡Y allá vamos!!

Solamente los malos designios de la “Steam-Packet” consiguieron bajarnos los ánimos al separarnos en horarios distintos de la reserva hecha con “sólo” ocho meses de antelación. Partí a mediodía dejando a Santi en Liverpool en espera del barco de las 9 de la noche. Sobran los comentarios hacia esta empresa que tiene monopolizados los accesos a la Isla. De hecho, al llegar a la Isla, vimos que las portadas de los diarios locales se hacían eco de la situación: “Steam-Packet hits the TT again”. Por lo que se ve, no es la primera vez…


Esta es la pinta del puerto de Liverpool para embarcar al TT.

Durante la travesía tuve el primer indicio de que viajaba a un lugar muy especial, cuyos héroes son venerados casi con el mismo respeto que los fieles veneran a sus profetas. Las pantallas vomitaban infatigablemente resúmenes de anteriores carreras, documentales de tiempos en blanco y negro y todo tipo de reportajes sobre el TT. Pero súbitamente, el rumor de fondo en el barco se apagó cuando el monitor hizo su tributo al Gran Joey Dunlop. Cientos de ojos se clavaron en el aparato mientras el aire se estremecía y las madres hacían callar a sus hijos señalando a la pantalla.


¡¡Que emoción!! La Isla de Man por fín a la Vista.


Y el jubiloso desembarco.

Al desembarcar en Douglas me vi rodeado de miles de motos circulando en todas direcciones, aparcadas en todas las aceras, las esquinas, las isletas. Fui derecho a buscar nuestro alojamiento en Ramsey, un estupendo B&B de los miles que salpican toda la Isla y alegran otras tantas economías familiares. Decidí dedicar mi primera tarde en soledad a recorrer la Isla para familiarizarme con las distancias, los paisajes, los lugares y las carreteras. Era lo menos que podía hacer por mi amigo para intentar sacar el mejor provecho de nuestro ahora aún más escaso tiempo.
Al anochecer localicé a un forero conocido de “ducatistas.com” y cenamos juntos, para hacer algo de tiempo. Como estaba sin moto –le había dejado tirado y la tenía en S&S Motors, concesionario Ducati de la Isla- les llevé a él, a sus 120 Kg, a su bolsa de depósito y a la mía hasta su camping. Menos mal que fueron solo 4 kilómetros porque me imaginaba a mi moto protestando –y con razón- y el espectáculo que estábamos dando con la “moto-camello” con un elefante en la grupa. Lástima no tener una foto del momento….
Volví a Ramsey a descansar un rato y pasada medianoche fui en busca de mi amigo para llevarle directo a su merecido descanso. Como el trazado del circuito de la montaña es dirección única durante la celebración del TT (y no solo del “Mad Sunday”) bajé a Douglas por esta carretera, más directa y rápida.
Y quiso la casualidad regalarme la experiencia motera más emotiva de toda mi vida. Recorrí el trazado absolutamente solo, sin más compañía que la de la enorme luna llena que brillaba en el cielo acompañada de su séquito de estrellas y sus reflejos sobre el lejano mar. En aquel lugar oí las voces de los pilotos y el rugido de los motores, olí el sudor de la victoria y probé el sabor amargo de las lágrimas de la derrota, sentí el aliento de la muerte y vi la luz del paraíso. Y fue precisamente en aquel momento cuando lo comprendí. Comprendí que si existe un sitio para los pilotos caídos en la Isla debe ser, sin duda, un lugar muy parecido a este.

Amanece sobre la isla y el sol nos regala jubiloso sus mejores rayos. A pesar de habernos a costado anoche pasadas las dos, a las siete y media estamos en pié porque hoy nace un nuevo día que debemos aprovechar al máximo para conocer este lugar. Después de un opíparo “British breakfast” salimos jubilosos a recorrer la Isla. ¡Y que mejor forma de empezar que el circuito de la montaña! Lo que anoche era un lugar de calma y paz hoy es reducto de velocidad y emociones fuertes. El mítico trazado del la montaña discurre por un paisaje inhóspito, pelado y despoblado y es un trazado rápido, muy rápido. Recorriéndolo conservadoramente a una velocidad punta de menos de 190, fui superado por un buen número de deportivas a ritmos de vértigo. Aquí no hay arcenes ni hay escapatorias. Tampoco hay buen asfalto. Pero aquí se corren carreras de verdad y aquí se decide el TT. Se decide quienes son los Reyes de la isla y quienes no. El trazado “One way only” termina en el conocido “Pub” Creg-ny-Baa. Desde allí nos dirigimos hacia Laxey, que tiene uno de los monumentos más famosos de la isla, “Lady Isabella”, la famosa rueda de Laxey, una noria antaño utilizada para la extracción minera.


Nada mejor que un buen desayuno para cargar las pilas.


El Pub y hotel Creg-ny-Baa, punto final del circuito de la montaña.


"Lady Isabella", la famosa rueda de Laxey.

Hecha la foto de rigor, seguimos hacia el sur, bajando camino de Douglas, por una carretera que discurre abrazada a las vías del ferrocarril eléctrico de la Isla. Ambos trazados discurren paralelos, cruzándose caprichosamente varias veces en su recorrido. Aunque los numerosos pasos a nivel están dotados de una eficiente señalización automática, no disponen de barreras, por lo que es esencial ser muy prudentes con los semáforos. El antiguo ferrocarril data de principios del siglo pasado y cubre el trayecto entre Ramsey y Douglas convertido en una pintoresca atracción turística.
Atravesamos Douglas recorriendo el famoso “Loch Promenade”, su paseo principal, atestado de motos, adelantando a los coches por los raíles de los tranvías tirados por pacientes e infatigables percherones.
Dirigiéndonos más hacia el sur, cruzamos el famoso “Fairy bridge”. Nos detenemos un momento para saludar a las Hadas y contemplar los deseos que los habitantes de la isla les piden. En este lugar tan simbólico encontramos uno de los numerosos carteles que hay repartidos por toda la isla, en todos los idiomas, recordando la desesperada búsqueda de la pequeña niña Maddie, desaparecida en el Algarve portugués. Aquí también me encuentro con otra Multistrada, cuyo piloto resulta ser un simpático italiano, miembro del foro “multistrada.it” en el que también participo. Definitivamente, las motos contribuyen a hacer del mundo un lugar más pequeño.


El puente de las hadas, a la izquierda y los deseos que se les piden, a la derecha.

Y así llegamos a Castletown, antigua capital de la Isla. Recorremos su centro y contemplamos su castillo y las numerosas motos que ya están aparcadas en la plaza. Aquí están todas las motos. Encontramos superdeportivas recién salidas del horno junto a las piezas más venerables e impares que podamos imaginar. Contemplamos una preciosa MAGNI MV Agusta y al hacer la foto de la entrada del castillo, casualmente, inmortalizamos una Ducati SS del ’74 que pasaba por allí pero, amigo Raúl, se nos escapó. Tenemos la prueba fugaz de su paso pero por más que la buscamos, no conseguimos tu trofeo.


El castillo de Castletown. Atención a la moto de la derecha.

Da aquí salimos a Port St. Mary, después a Cregneash, recreación de un típico pueblo de la isla y seguidamente hasta el punto más meridional de la isla, un precioso paraje, abarrotado de motos y motoristas, donde dedicamos un rato a hacer un buen descanso y desde donde contemplamos “Calf of Man”, reserva de aves y…. ¡¡de focas!!


Vista de Port St. Mary.


El típico pueblo tradicional de la Isla, Cregneash.


Con sus cabinas de teléfonos...


... y sus espléndidos paisajes


Calf of Man, paraiso de gaviotas ¡¡y focas!!

Paramos en Port Erin, terminal del famoso ferrocarril de vapor de la isla que hace el trayecto desde Douglas. Es un tren conservado en el mismo estado de esplendor con que por estas tierras acostumbran a mantener cualquier ingenio mecánico. Prueba de ello es el pequeño taller artesano en que unos apasionados virtuosos se afanan en restaurar hasta niveles obsesivos de perfección las impresionantes “Vincent”, motos con pedigrí donde las haya.


Port Erin, una bella localidad costera.


Con un trabajo así...


...no es de extrañar una maravilla como esta.

Por la tarde hay entrenamientos. Conviene saber que a las seis de la tarde se cierra al público el circuito del TT. Es importante recordarlo porque, si te quedas atrapado en su interior no puedes salir hasta pasadas las nueve. Nosotros paramos en “Braddan Bridge”, un lugar en el que la parroquia local, estratégicamente situada a la salida de una curva, ofrece improvisados graderíos con los bancos de la iglesia al módico precio de £1. Además tiene aseo y una cocina en la sacristía –nos zampamos un buen par de hamburguesas- servida por las fieles de turno. Mientras esperas a que te sirvan, puedes entretenerte hojeando ejemplares de revistas de motos atrasadas en venta por “la voluntad” o revolver entre la chatarrería que tienen montada con piezas de motos viejas. Así es la Isla de Man, un mundo en perfecta sintonía con la moto.o.








Estos tíos van como motos...






... aunque estos ¡¡Tampoco son mancos!!

Y por fin es sábado. Y ya se sabe, el sábado…. ¡¡¡carreras!!! Nos vamos directos al salto del “Ballaugh Bridge” con nuestros mejores ánimos y de forma casi milagrosa conseguimos hacernos con un puesto de primera línea de valla a pocos metros del mítico cambio de rasante. Este es el lugar y ahora es el momento. Desenfundo mi cámara y acoplo el tele traído hasta aquí para la ocasión… pero la carrera se aplaza media hora por una mancha de aceite en el trazado para aplazarse después hasta el lunes.
Nos invade una profunda decepción porque esta era nuestra única oportunidad de ver una carrera durante nuestra estancia en la Isla. Solo nos consuela que al lado del puente hay un Pub en el que nos tomamos un par de pintas de “Okells”, la cerveza tradicional de la Isla. En realidad, nosotros pedimos “Two half-pints” pero la camarera –inmigrante ella no muy familiarizada con el idioma- por alguna oscura razón entendió “Two and a half pints”.


Las pintas de "consolación"


Estos sí que son fanáticos.

Dedicamos el resto de la mañana a saquear las tiendas de “souvenirs” de la isla. Para una vez que vengo, tendré que llevarme algún recuerdo. Como no llevaba lista de la compra, me excedí y me traje de vuelta: Un colgante de oro en forma de “triskelion” –las tres patas- para la chavalita que me espera en casa, un par de pines de motos de carreras, una bandera de la isla, un “mug” con el triskelion, una colección de sellos conmemorativa del centenario, una moneda edición especial limitada del centenario en cuya “cara” aparece la mítica victoria de Mike Hailwood sobre la Ducati nº 12 de “Sports Motorcycles” en el ’78, varias pegatinas, una chapa en relieve con la leyenda “Ducati parking only” para el garaje y, como no, una camiseta.


"Memorabilia" del "Centenary TT"

Cansados del abarrotado centro de Douglas y con el botín en las maletas nos dirigimos hacia el norte de la isla en busca de tranquilidad. Y la encontramos. El norte de la isla, más allá de Ramsey es una tranquila extensión de terreno salpicado de granjas. No es raro encontrar aparcadas delante de buena parte de estas granjas las motos de sus habitantes. Desde luego no es la imagen que tenemos aquí de los granjeros. Llegamos hasta Point of Ayre, el punto más septentrional de la Isla. Aquí solamente hay un faro y nada más. Aquí se respira la calma de un lugar donde el tiempo parece avanzar lentamente y el susurro del mar te recuerda su grandiosa inmensidad y tu insignificante pequeñez.


Point of Ayre, encuentro con la naturaleza y el mar.

Volvemos de nuevo a Ballaugh por el circuito de la montaña para hacernos una foto “saltando” el puente, previa parada en Creg-ny-Baa para “repostar” un par de pintas.
Como el día ha sido muy largo, volvemos hacia Ramsey a descansar nuestros huesos. Apenas hemos salido de Laxey mi moto se para. Me lo temía, me he quedado sin gasolina. Afortunadamente la gasolinera está a un par de kilómetros… ¡cuesta abajo! Bajo sobre mi “multicicleta” y llego a la gasolinera completamente doblado de risa, sin necesidad de poner un sólo pié en el suelo y bien escoltado por Santi que sobre su Panzer-BMW me cubre las espaldas. Entran 19,80 litros en el depósito y al pagar le suelto al empleado: “God bless this petrol station for being down the slope”. Ahora el tío se descojona conmigo.


Un merecido descanso para nuestras monturas.

Amanece el domingo, pero este no es un domingo cualquiera, este es el “Mad Sunday”, el domingo en el que tradicionalmente se abre el tramo de la montaña a las motos y hay “barra libre” para emular a los ídolos del TT. En realidad, en estos tiempos, este día ha quedado bastante “desfigurado” ya que, como ya he comentado, este trazado permanece abierto en sentido único durante las dos semanas del TT. Es una buena medida de seguridad que ha reducido los antaño habituales accidentes del “Mad Sunday”.
Salimos por el trazado de la montaña y pronto nos vemos envueltos en una espesa niebla que todo lo tapa. A los pocos kilómetros, la visibilidad no va más allá de unos pocos metros. En estas condiciones, el trayecto se convierte en un puro trámite con muy poca diversión. A mitad del trayecto, afortunadamente, me adelanta una Speed Triple cuyo piloto trasero, no sin dificultades, me sirve de guía para poder llegar más cómodo a Creg-ny-Baa.
De todas formas, hoy hemos decidido hacer una actividad alternativa. Santi es un enamorado de los trenes y hemos planeado bajar hasta Castletown en el tren de vapor para asistir a una concentración de motos clásicas. Pero cuando llegamos a Douglas, el tren se nos escapa delante de las narices. Dado que la frecuencia de este tren es bastante escasa (cada 2 horas, más o menos), decidimos hacer el recorrido inverso. Dejamos mi Multistrada en la estación de Douglas y nos vamos en la BMW de Santi –He conocido la felicidad del pasajero-. Cuando llegamos a Castletown, en la plaza aún no hay ambiente y únicamente hay una pocas unidades de motos de la artesanal marca inglesa “Hesketh”, que desde el año 1.982 ha fabricado unas 300 motos, pues su capacidad de producción es de unas 12 unidades al año (!).


De camino a Castletown. Así, a primera vista... ¿A que da yuyu?


Hesketh V1000. Verdaderamente, una "rara avis"

Matamos el rato tomando una pinta en el Pub de la plaza y en ello estamos cuando aparece un hombre que se identifica como Mick Duckworth, autor de unos cuantos libros del TT, para hacernos una entrevista, foto incluida, para el libro de la edición de este año (¡Vamos a ser famosos!).
Nos paseamos un rato por entre la enorme masa de motos clásicas y antiguas que ya abarrotan la plaza. Si no puedes encontrar aquí la moto que deseas ver en vivo puede que sea, sencillamente, por que no existe. Triumph, Norton, BSA, Royal Enfiled, Brough Superior, Rudge, Douglas, Vincent, HRD, Moto Morini, MV Agusta, Benelli, Ducati, Harley Davidson…. tienen en este lugar venerables representantes. Después de varias exclamaciones de sorpresa y algunos carretes de fotos, nos dirigimos derechos a la estación para disfrutar de nuestro viajecito en tren.
Sobre la ventana de los viejos vagones de madera hay un cartelito que nos recuerda que estamos en tiempos pretéritos y que no debemos sacar la cabeza por la ventana para no quedar expuestos a las cenizas y escorias incandescentes que emite la locomotora. Por supuesto, hacemos caso omiso y nos pasamos el viaje disfrutando de los bellos paisajes de la isla al monótono ritmo del traqueteo de los vagones y al son del silbato de la locomotora. Desde las ventanas nos saludan los moradores de las casas y los motoristas detenidos en los pasos a nivel que se van cerrando a nuestro paso. Y como esto es la Isla de Man, durante un buen rato entablo conversación con un inglés que viaja en el compartimento contiguo y me llevo de premio una ceniza que me entra en el ojo. Pero, al fin y al cabo…. Estaba advertido.


"Elogio de lo mecánico": El tren de vapor de la Isla de Man.

Volvemos a Castletown sobre mi moto y de ahí nos vamos a visitar Peel, sede del “Peel Festival” que estos días se celebra en la Isla. Esta ciudad está abarrotada y con serias dificultades conseguimos encontrar un hueco donde aparcar las motos. Visitamos las ruinas de la fortaleza de Peel, situadas sobre un islote al que se accede por un puente giratorio -¿He dicho ya lo que le gustan a esta gente los artilugios mecánicos?-


Una escena motera en Peel. Una moto, una bolsa de depósito y a viajar.

Y empieza a llover. Así que nos volvemos a Ramsey a media tarde, nos damos una buena ducha y nos vestimos –por fin- de personas normales. Cogemos el “Double Decker Bus” que nos lleva a Douglas y detrás de nosotros se cuelan Superman y Batman animándonos el trayecto (al fin y al cabo esto es el “Mad Sunday”). Como mañana nos vamos de la Isla y aún no hemos conseguido dilapidar nuestras libras, nos damos una suculenta cena de homenaje en “Ciappelli’s”, el más distinguido restaurante de la ciudad. Por fin disfrutamos sobre una buena mesa de los sabores de la Isla. El cangrejo de Man y el Rape son dos exquisiteces que ya casi habíamos olvidado entre tanto sandwich y hamburguesa engullidos a salto de mata.


Estos son los superhéroes que se nos "colaron" en el autobus. Influjos -y efluvios- del "Mad Sunday", sin duda.

A la vuelta perdemos el autobús y tenemos que recorrer media ciudad hasta que encontramos la parada provisional del servicio, desplazada del “Loch Promenade” estos días del TT. Cogemos el autobús nocturno a la una de la madrugada y coincidimos con un animado grupo de quinceañeras y un italiano que nos amenizan el recorrido hasta nuestra reconfortante cama. Es nuestra última noche en la Isla.

Hoy nos embarga la tristeza por tener que dejar este lugar. Al bajar a desayunar coincidimos con un grupo de italianos que vienen a ocupar la habitación que nosotros dejamos. En un popurrí de idiomas conseguimos mantener una animada conversación en torno a nuestro tema favorito. Nos reparten unas simpáticas pegatinas en forma de señal de carretera que representa un motorista y la palabra “Danger” escrita. Nos despedimos de Caroline y Gavin, nuestros simpáticos y atentos anfitriones durante estos días y nos dirigimos hacia Douglas. Aquí se acaba nuestra estancia en la Isla y nos invade una melancólica sensación de partida, de que ya se ha extinguido lo que ayer fuera solamente un sueño.


Cansados y satisfechos, dejamos la Isla.


Nuestro barco, atestado de motos.


Como premio de compensación, aún nos queda la vuelta. Tenemos tres días de holgura hasta la salida del ferry de Portsmouth y los aprovechamos para recorrer los parques naturales de Gales. De nuevo el dios de las tormentas muestra su benevolencia con nosotros y tenemos un tiempo estupendo todos los días.
En nuestro periplo visitamos la maravillosa ciudad medieval de Chester, los extraordinarios parques naturales de “Snowdonian” y “Brecon Beacons” y la animada capital de Gales, Cardiff.
Y por fin, cansados de nuestro viaje, aunque encantados con el mismo somos devorados por la ballena de acero que, cual intrépidos Jonases, nos ha de devolver a nuestra vida cotidiana.




Snowdonian y Breacon Becons, impresionantes parque nacionales de Gales.


Una paradita para "repostar" en un Pub cualquiera.


EL AMBIENTE.

Lo más sorprendente del TT no son las carreras, ni los miles de motos que pueblan la Isla, ni los paisajes, ni las pintas de cerveza. Lo que más nos llamó la atención de esta celebración durante nuestra estancia fue el ambiente de respeto y verdadero compañerismo entre la gran familia de moteros.

Esto se diferencia mucho de las grandes concentraciones que conocemos en nuestro país. Por desgracia, en los grandes eventos de nuestra tierra, ya sean Grandes Premios o masivas concentraciones, siempre aparecen elementos indeseables que muestran su desprecio a los demás con los consabidos cortes de encendido, caballitos y quemadas de rueda, cuando no accidentes.
Pero aquí las cosas son muy diferentes. Aún cuando la pluralidad de “creencias” moteras alcanza más allá de nuestra imaginación, el respeto de cada motero hacia todos los demás llega incluso más lejos.
En esta isla conviven rabiosas hiperdeportivas de última hormada con motos clásicas e incluso antiguas, sidecars con customs, triciclos con velosolex. Y en esta maravillosa mezcla no hay miradas por encima del hombro, no hay mofas a lo diferente, no hay desprecio por los demás.
Incluso en el trazado de la montaña, las maniobras de adelantamiento de los más rápidos te llegan a sorprender por su exquisita prudencia y respeto. No tratan de asustar ni de intimidar a nadie. Tú les cedes el paso y ellos te adelantan en las mejores condiciones. Poco importa que al llegar a Creg-ny-Baa, compruebes que debajo de sus cascos hay crestas de colores, calvas de “hooligans” o tatuajes de calaveras.


Encuentro fortuito con un miembro del foro "multistrada.it". Las motos hacen del mundo un lugar más pequeño y mejor.

También llama la atención la elevada edad media de los motoristas que por aquí circulan. Indudablemente, proceden de países que no tuvieron la desgracia de padecer la lacra de una dictadura, con la consabida escasez de recursos. En la vieja Europa hace muchos años que casi cualquiera se puede permitir la afición que más le plazca y además, en esto de las motos, sus fábricas no estaban tan condicionadas por la escasez como las nuestras, por lo que las motos de gran cilindrada no son en absoluto una novedad.
Es frecuente ver parejas de ancianos perfectamente equipados (con monos de cuero) paseándose a lomos de motos de altísimas prestaciones y carácter eminentemente lúdico. Ahora me viene a la memoria una joven pareja de septuagenarios a lomos de una CBR 1100 XX, demostrándonos que cuando uno es motorista…. Lo es para toda la vida.

Los encuentros son una de las mejores cosas del TT. En el lugar más inesperado te puedes encontrar hablando de motos con cualquiera. Hemos tenido encuentros de este tipo con alemanes, ingleses, franceses, suecos y españoles. Las barreras de los idiomas no importan. Cuando la pasión te mueve, te entiendes con cualquiera en cualquier mezcla imaginable de idiomas, dialectos, chapurreos, signos y señas. Se puede llegar a límites tan surrealistas como la charla que mantuve con un inglés por la ventanilla del tren de compartimento a compartimento, de más de un cuarto de hora.

LAS MOTOS.

Pero a nosotros lo que de verdad nos gustan son las motos. Y aquí es donde están todas…. o casi. Pudimos contemplar y admirar motos de todas la épocas y tipos en todos los estados. Había clásicas impolutas, sí, pero también otras muy poco cuidadas y que seguían funcionando y, lo que es mejor, circulando por toda la isla sin ningún tipo de complejo frente a sus descendientes más jóvenes.

Aunque no están todas las que son, sí que hay una buena muestra de las que están:

DUCATI


La representación Bolognesa. Sí, la 851 ES una SP3.


LAVERDA


Unas atractivas "primas"


INGLESAS CLÁSICAS


Aquí hay de todo. El paraíso de las motos británicas, joyas de la corona incluidas.


OTRAS ESPECIES Y CURIOSIDADES


Una bonita Norton, réplica de la moto ganadora del '7


Un engendro casro de tres ruedas y un motor de coche. Un "rat trike"


Un impresionante sidecar sobre la base de una Suzuki Hayabusa. ¿Que por qué la gente hace esto con las motos? Si observáis atentamente podréis ver que el piloto está atado por las piernas a la moto y que lo que cuelga detrás del atalaje es su silla de ruedas. Auténtica pasión.


Un simpático inglés sobre su impoluta RC30 a punto de embarcar camino de la Isla.


Una preciosidad. Magni MV Agusta.


Otra moto singular. Es una Bimota SB4 del '83 de un sueco muy majete.


Otra Bimota, pero esta un poco más moderna, con motor Yamaha y de carreras.


Esta moto es en sí misma bien normal... pero forrada con etiquetas de botellas de "Bushy's" una de las cervezas de la isla. ¿Se las habrá bebido TODAS el piloto?


EPÍLOGO: DOCUMENTOS PARA EL RECUERDO.


Al poco tiempo de volver de la Isla escribí este artículo y, visto el éxito que tuvo en este foro, me decidí a mandarlo a la revista SoloMoto30. Algunos meses después tuve la satisfacción de verlo publicado con su texto prácticamente íntegro y con un buen número de fotos. Gracias a la redacción de la revista por tan especial regalo.


Ejemplar de la revista "SoloMoto 30", Núm. 302.


El artículo: Un autor consagrado

¿Os acordáis del encuentro con Mick Duckworth en el Pub de Castletown? Pues bien, en esta ocasión, la fortuna también llamó a nuestra puerta y en la edición del libro Oficial del TT 2007, aparece nuestra foto y un breve extracto de la entrevista que mantuvimos con el autor. Aunque no somos ricos, al menos somos “famosos” y tenemos algo entrañable que contar a nuestra futura descendencia…


Portada del libro Oficial del TT 2007


Y la foto para el recuerdo.




Eduardo Cabrera (C) 2.007
BARONROJO



Besitos y V'sss
#2 Escrito el 16 Febrero 2010, 22:37

No sé porqué pero no me sale entero lo que he escrito(copiado)

Besitos y V'sss

#3 Escrito el 16 Febrero 2010, 23:21

Muchas gracias Oceaneyes por el artículo. Nos acerca un poco más a la Isla de Man.

V'ssssssss

#4 Escrito el 18 Febrero 2010, 23:15

muchas gracias oceaneyes,post tan interesantes no se encuentran todos los dias.

tengo claro que un dia rodare por aquellas carreteras con tanta historia del motociclismo de verdad.

Vsssssss

#5 Escrito el 19 Febrero 2010, 12:44

muy bueno gracias por colgarlo,no me he perdido ni un detalle y tomando nota,por si acaso algun dia ......quien sabe

jajaja

un saludo

V´ssss

#6 Escrito el 05 Octubre 2010, 08:55

Grande!

Esto no hace mas que incrementar mi enchote particular. A ver como apaño la monster para llevar trastos para tantos días.

Oceaneyes te veo en todos los foros en los que me registro estas bastante contaminada por las 2 ruedas :).

saludos!!